La crisis climática ya condiciona el presente de la infancia en República Dominicana: calor extremo, inundaciones y huracanes afectan la salud física y mental, interrumpen el aprendizaje y aumentan la pobreza infantil. Las comunidades más pobres son las más expuestas y las últimas en recuperarse. Organismos y especialistas advierten que proteger a niños, niñas y adolescentes debe ser una prioridad pública con políticas que integren salud, educación, vivienda y apoyo psicosocial.
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La crisis climática ya condiciona la vida de la infancia en República Dominicana, con efectos que trascienden lo ambiental y golpean la salud, el aprendizaje y la estabilidad emocional. Los niños, niñas y adolescentes representan alrededor del 33 % de la población nacional y enfrentan olas de calor, sequías, inundaciones y huracanes que incrementan la pobreza infantil y profundizan desigualdades. Informes internacionales ubican al país en una posición de riesgo: en el Índice de Riesgo Climático de la Infancia (CCRI) República Dominicana aparece en el puesto 73 de 200 países evaluados, con un valor de 5.2, clasificado como de severidad media. Encuestas nacionales muestran que el calor excesivo afectó a más del 20 % de los hogares y que la percepción del riesgo por fenómenos naturales ha aumentado significativamente entre las familias. Especialistas advierten que los impactos son multisistémicos. Rosaura Pimentel, coordinadora del Observatorio de Cambio Climático, señala que el daño incluye efectos físicos —como deshidratación y menor rendimiento cognitivo en las aulas— y mayores riesgos de enfermedades hídricas tras inundaciones, entre ellas cólera y leptospirosis, en las comunidades más vulnerables. Además, los desastres generan desplazamientos, pérdida de viviendas y estrés crónico que puede dejar secuelas en el desarrollo infantil. La carga no es distribuida de forma equitativa: barrios y comunidades con falta de planificación urbana y viviendas dignas —como sectores ribereños y asentamientos precarios— son los primeros en sufrir y los últimos en recuperarse. Organismos regionales y expertos insisten en que proteger a la infancia frente al clima debe ser una prioridad pública, más allá de las medidas clásicas de mitigación de emisiones. La respuesta requiere políticas focalizadas en reducción de riesgos, infraestructura resiliente, acceso a servicios de salud y apoyo psicosocial para menores y sus familias, así como estrategias de vivienda y planificación urbana que reduzcan la exposición. Sin cambios integrales y con enfoque en la niñez, las generaciones futuras enfrentarán peores condiciones de salud, educación y oportunidades. Para noticias, denuncias, fotos y videos, comunícate con nosotros: redaccion@ocoadigital.com y WhatsApp +1 849-379-1939.